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L'Oiseau du Paradis
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CUENTOS Y LEYENDAS
SOBRE LAS PERLAS |
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| El alma oculta de las
ostras |
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La fascinación que, por
su pureza y origen misterioso, ha ejercido la perla desde la Antigüedad
ha convertido a esta gema en un objeto venerado en todas las épocas
y civilizaciones.
Encontramos
referencias a ella en la Biblia, el Corán y el Talmud,
como símbolo lunar, vinculado al agua y a la mujer. Son
atributos reconocidos universalmente.
La perla es mujer.
Escasa y preciosa, la perla tenía
fama de perfección. Nacida, según las mitologías,
de la acción de un rayo, de una gota de rocío atrapada
en una concha o de una lágrima de la Luna, es el emblema
esencial de la femineidad creadora y huella terrestre de la actividad
celestial.
Una
antigua leyenda persa narra cómo explicaba su origen el
Profeta: "Dios tiene servidores semejantes a la lluvia. Cuando
ésta cae en tierra da origen al trigo y cuando cae al mar
las perlas".
Para
los chinos "son gotas de rocío milagrosamente caídas
dentro de la ostra que aprisionan la luz del alba". Una luz
que, para sus médicos, podía curar la ceguera si
se frotaban los ojos enfermos con perlas vírgenes no perforadas.
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En
Europa se le atribuían virtudes curativas contra la demencia
y la melancolía.
En India se la considera como el mejor remedio contra las
enfermedades y hemorragias. En la terapéutica india moderna
se siguen utilizando perlas en polvo por sus propiedades vivificantes
y afrodisíacas. El simbolismo sexual del molusco le transfiere
todas las virtudes que se le atribuyen.
En la Antigüedad, los romanos
consideraban que las perlas eran mensajeras de placer y felicidad.
Los antiguos griegos las convirtieron en emblema del amor y el
matrimonio. En Oriente prevalecían sus propiedades afrodisíacas,
tanto convirtiéndolas en precioso talismán como
machacándolas para aplicarlas en polvo sobre las partes
vitales del cuerpo.
La perla es vida. Desde el antiguo
Egipto hasta Borneo, pasando por Laos, la perla acompaña
al difunto, ayudándole en su travesía hacia el otro
mundo o durante su hipotética resurrección. Los
indios de América, al igual que Cleopatra, no podían
concebir el regreso hacia su creador sin llevarse con ellos unas
cuantas canastillas repletas de perlas, con las que recordarle
la pureza de sus vidas.
Los laosianos de hoy en día
siguen enterrando a sus muertos con cinturones, trajes y gorros
decorados con perlas.
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Muchos
filósofos vieron en la búsqueda de la perla nada
menos que la conquista de la sublime Esencia encerrada en cada
uno de nosotros: "la perla de lo ideal".
La mujer actual, al igual
que la de hace 2.000 años, sigue sintiéndose seducida
e irresistiblemente atraída por el misterioso encanto de
la perla.
Esta joya que encarna los ideales
de belleza de las mujeres del mundo entero es un verdadero tesoro
del mar. Una riqueza que Kokichi Mikimoto ha sabido recrear
a fuerza de ingenio.
El misterio que envuelve la génesis
de esta gema preciosa y benéfica por excelencia, símbolo
de elegancia y pureza, ha dado origen a numerosas leyendas y costumbres
en todos los continentes. Kokichi Mikimoto demostró,
hace ya 100 años, que la mano del hombre podía sustituir
a la naturaleza. Lejos de perder su atractivo, estas "lágrimas
de princesa" conservan todo su misterio. Y las leyendas engendradas
a lo largo de los siglos siguen teniendo para las mujeres un encanto
insensible al paso del tiempo.
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